Imagina un mundo,
En donde no existan las guerras, donde nadie muera de hambre, de frío o víctima de la violencia.
En donde cada uno aporta lo mejor de sí mismo por el bien de la comunidad ya que el bien de los suyos es su propio bien.
Donde todos son felices con sus vidas, no ambicionan riquezas desenfrenadas ni excesos.
Donde nadie tiene intención de dañar a su prójimo ya sea desde su puesto como cliente, empresario o trabajador.
Donde las decisiones que incumben a las vidas de los ciudadanos son tomadas bajo consenso, pensando en la decisión más justa, equilibrada y acertada. Jamás se tomará una decisión bajo presión, por conveniencia o interés personal.
Un mundo en el que prime la belleza, la armonía, la amabilidad.
Para construir un mundo así tenemos que cambiar muchas cosas como humanidad y todos y cada uno de nosotros tenemos un importante papel que desempeñar. Desde nuestro rol como padres, hermanos, hijos, como jefes y obreros, como gobernantes y gobernados. Debemos procurar ser la mejor versión de nosotros mismos.
Es así de sencilla la solución para este mundo descarriado pero son pocos los que se esmeran y se imponen esta meta como objetivo.
En un mundo donde prime la armonía no existiría la fealdad, las ciudades permanecerían siempre limpias, los jardines abundarían, la naturaleza sería preservada, los animales respetados.
En un mundo donde prime el equilibrio no existirían las ideologías extremistas, no habrían naciones dominantes y dominadas, no habrían desigualdades ya que todos se esforzarían por hacer de sus vidas una gran experiencia.
En un mundo donde las personas prioricen el respeto no hay cabida para el feminismo ni el machismo, los abusos sexuales o violencia doméstica.
En un mundo donde se incentiva el amor propio nadie buscaría la ruina del otro, nadie se atrevería a robar, a mentir, a dañar, a denunciar falsamente, a defraudar.
En un mundo donde la virtud sea un estado a alcanzar no habría prostitución, tráfico de personas, esclavitud, pederastia.
En un mundo donde nadie siente celos y envidia no habrían engaños y traiciones, deslealtades.
En un mundo donde se premie la creatividad, la cortesía, las buenas formas, la industria musical estaría orientada a la realización personal, el auto conocimiento. El sonido se utilizaría como terapia física, mental y emocional. Los niños no bailarían danzas sexuales y las mujeres se respetarían a sí mismas.
En un mundo donde reine el amor las mujeres no buscarían asesinar a sus hijos en sus vientres, los hombres no abandonarían a sus familias, no habrían familias rotas, niños heridos, traiciones y secretos.
Podemos construir el mundo que queremos planteándonos seriamente nuestras prioridades. Lo único que tenemos que hacer es poner un empeño incansable en ser las personas más virtuosas, honestas, leales, fieles, corteses, amables, educadas, sensatas. Las personas más humildes, sencillas y naturales.
Parece mentira pero para llegar a ser esa persona hay que recorrer un camino que no resulta sencillo al mirarlo a lo lejos. Para ello hay que poner fin a la pereza y la desidia, a la auto compasión y la culpabilidad. Hay que madurar y saber vernos a nosotros mismos, saber reconocer nuestros defectos y trabajar incansablemente para corregirlos.
Una vez alcanzada la moral perfecta todas las personas que conoces seguirán tu ejemplo. No se necesita más que una generación para cambiar para siempre la vida en este mundo. ¿Quieres ser parte de esa generación?
Bienvenido a la revolución humana.
Todo revolucionario ha de tener como meta La Paz, la prosperidad y la armonía en la sociedad. Para ello se prestará voluntario para servir de ejemplo de cómo ha de ser un ser humano perfecto.
El revolucionario atenderá a su personalidad y tomará nota de lo que en ella le aleja de su objetivo. Aportará ideas de cómo modificar sanamente su conducta. Se centrará en sí mismo y no rivalizará con sus semejantes en una competencia sobre quién es el más virtuoso. Será cauto, reservado e invisible. Su presencia ha de generar paz allí donde se encuentre. Será siempre recto en sus decisiones, justo y sabio. Pensará dos veces antes de hablar aunque el silencio le acompañará siempre.
El revolucionario incentivará a su comunidad a mantenerse unida, les enseñará a trabajar en equipo. Presentará ideas vanguardistas en donde se tendrán en consideración las necesidades de la comunidad. Se buscará siempre hacer el bien por encima de todas las cosas. Enseñará a identificar a Los manipuladores, a los mentirosos.
El revolucionario será un ser intachable, incorruptible, incomparable. El único deseo de su corazón es sentir la tranquilidad de estar dándolo todo de su parte para alcanzar su objetivo, el nuevo mundo. Cada vez que sus emociones le sobrepasen se apartará del mundo y analizará cada uno de sus pensamientos y sentimientos, muy atento siempre de ser coherente con sus palabras y sus actos.
Esta será la revolución que cambiará el curso de la historia de la humanidad para siempre.

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